Junio 15, 2016

Testimonios de las alumnas que vivieron la Semana Social

Testimonios de las alumnas que vivieron la Semana Social

Les dejamos los testimonios que quisieron compartir, con mucho cariño, algunas de nuestras alumnas. Ellos describen lo que vivieron durante su Semana Social y cómo las marcó esta experiencia.

Testimonio Coanil:

“La semana pasada fuimos un grupo a una sede de COANIL, ubicada en la comuna El Bosque.

COANIL es una fundación que acoge a personas que tienen discapacidad mental. En este hogar habían específicamente adolescentes. Nos dedicamos a mejorar la infraestructura, pintar algunas piezas, espacios comunes y decorar el patio. También pintar las bancas, repasar algunas zonas de seguridad y pintar dos murales.

Todas esas tareas las hicimos mientras los niños estaban en el colegio, pero cuando llegaban los ayudábamos con sus tareas, jugábamos con ellos en la plaza, bailábamos zumba, tocábamos guitarra y cantábamos.

Fueron días de mucho aprendizaje y emociones. Logramos entregarnos completamente al otro, descubriendo personas increíbles que se parecían más a nosotras de lo que pensábamos. Creo que es muy importante tener estas experiencias, ya que nos ayudan a abrir los ojos, a poner los pies sobre la tierra y a darnos cuenta de distintas realidades.

Además nos enseñan a romper con los prejuicios, a encontrar la felicidad y la plenitud de uno mismo en la de los demás y tratar al resto de igual a igual sin importar las diferencias.”

Alexandra Barceló. 

Testimonio Fundación las Rosas Hogar 7

“Dos autos, un par de maletas, millones de pañales y útiles de aseo personal.

Libros de reflexión, contrabando y miles de expectativas sobre lo bueno y lo malo, sobre lo que este tiempo debía ser, porque tenía el deber de ser una experiencia perfecta.

Ahí estaba el miedo, ¿y si no funcionaba así? ¿y si no cumplíamos con lo que La Semana Social debía ser? Los famosos cinco días habían pasado a ser, de pronto, un peso que caía sobre nuestros hombros.

Nos encontramos con trabajo, con necesidad de paciencia infinita y una humildad para reconocernos inútiles para algunas cosas y líderes para otras. Escuchar consejos y risas, porque varias no sabíamos ni pelar manzanas. ¡Había que aperrar!

Algunas no teníamos ni abuelos, otras éramos mucho más tímidas y tampoco sabíamos cantar. Pero con el pasar de los días, la meditación profunda y la oración que tanto nos ayudó a dimensionar hasta dónde estábamos llegando; aquellos espacios de aburrimiento e incomodidad se hicieron mínimos ante la maravilla que se gestó entre nosotras: llegó aquel instante en que te das cuenta de que estás haciendo algo importante, que todo vale la pena;  lo que debía ser efectivamente estaba siendo sin buscarlo.

Nada hubiese sido lo mismo sin la oración, ni siquiera la mirada profunda y solitaria de una abuelita. El trabajo de asear, vestir, alimentar o simplemente acompañar; todo se tornaba sagrado. Cada cosa alcanzó cierto ritual por el simple hecho de que logramos comprender la soledad, conmovernos con el otro y usar la compasión como motor de nuestra misión cristiana.

Cada una admitió finalmente, que la alegría al final del día era tan trascendente, que nos invitaba a trabajar duro, a amar con más despojo. Aprendimos tanto de ellas; su ser maternal, su feminidad admirable, su humildad, ánimo y fortaleza.

A veces, aunque olvidasen todo de un momento a otro, el cariño gratuito y puro que incubamos en su cuerpo nos bastaba para volverlas a abrazar como si fuera la primera vez. Esto no es más ni menos que el anhelo de Cristo: dignificar a cada abuelita por ser persona, más allá de sus capacidades, y así entender con cabalidad el valor y lo precioso de la vida desde sus inicios hasta el fin.”

Testimonio Hogar Esperanza 

“Es imposible expresar y resumir esta gran semana que tuvimos. Sin embargo, sí podemos decir ciertas cosas: lo más importante para nosotras fue compartir con el otro, entregarle cariño y estar a disposición del prójimo.

Con mi grupo fuimos al Hogar Esperanza: Una casa de lactantes y pre escolares que fueron vulnerados en sus derechos básicos y ahora viven ahí. Lo lindo de este lugar es que se busca que los niños sean parte de una familia, ya sea adoptiva o de nacimiento.

Al llegar fue difícil incorporarnos, ya que la directora no estaba para recibirnos y nadie nos conocía, ni las tías ni los niños. Fueron un par de días que nos costaron, porque no sabíamos dónde ayudar cuándo las guaguas dormían su siesta o cuándo habían pocos niños para atender. Pero al pasar la semana nos dimos cuenta  que lo más importante de nuestra ayuda era entregar cariño a estos niños que tanto lo necesitaban.

A medida que nos iban conociendo los niños y las tías, ellas nos daban más responsabilidades. Conocer de cerca la realidad de abandono y de distancia entre las familias, nos daba una pena enorme y una impotencia más grande aún. No entendíamos cómo estas guaguas y niños tan exquisitos habían sido un problema para algunas personas y, al mismo tiempo, un regalo para otras. Aún nos cuesta entenderlo.

Algo que no podemos dejar de lado es la entrega de las tías. Su alegría y su trabajo es algo que rescatamos de nuestra semana. Da mucha tranquilidad saber que los niños están en tan buenas manos, con ellas, que los quieren y ayudan.

Cuando llegó el día viernes y nos teníamos que ir, fue muy triste, porque ya había pasado esta instancia tan esperada, en donde creamos lazos en poco tiempo, conocimos a gente muy buena y a niños increíbles.

El Hogar y las tías estaban muy agradecidas de nosotras, nos dijieron que habíamos llegado en una semana justa, cuando más necesitaban ayuda y que las sorprendimos con nuestra disposición y buena voluntad.

En fin, esta Semana Social llena de emociones va a ser recordada por todas porque vivimos cosas únicas en los encuentros con el otro, porque entregamos y recibimos más de lo esperado y porque aprendimos de nosotras mismas.

Muchas gracias al colegio por darnos la gran oportunidad de vivir una experiencia como esta.”

Testimonio Hogar las Creches:

“A mí me toco ir al Hogar las Creches. Es un lugar donde viven niñas, entre 4 y 16 años, separadas en dos casas, la de las grandes en la que ayude yo con la Maca Domínguez y la de las chicas donde la Clara y la Berni ayudaban.

Desde el primer momento pude sentir el cariño de las niñitas, nos recibieron muy bien y estuvieron muy abiertas a conocernos.

Durante el día nos teníamos que levantar muy temprano para ayudarlas, antes de ir al colegio, luego ayudábamos con quehaceres domésticos y cuando llegaban; estábamos con ellas, conversábamos, las apoyábamos con las tareas y participábamos en distintas actividades que tenía el  hogar para ellas como taekwondo y biodanza, lo que nos hizo tener una semana muy entretenida.  

Creo que nuestra mayor labor era estar con las niñitas y  hacerles compañía.  Pude sentir que lograron confiar en nosotras muy rápido y eso fue increíble ya que de algún modo les ayudamos mucho, porque creo que sintieron que estábamos interesadas en estar ahí.

Me marco mucho la relación que llegamos a tener con ellas, la confianza y cercanía que nos dieron. Sentí que me dieron mucho en qué pensar y reflexionar, ya que me di cuenta de una realidad diferente, de que algunas cosas son más importantes que otras y que mis preocupaciones son muy distintas al lado de las de estas niñas.”

Francisca Achurra

Testimonio Hogar María Madre de Dios de la Fundación Las Rosas

“La semana pasada seis niñitas de la generación fuimos al hogar 25 de la fundación las Rosas, María madre de Dios, de ancianos en la comuna de El Bosque. Nuestro objetivo era ayudar a los abuelos y a las auxiliares que trabajan ahí, pero logramos mucho más que eso ya que pudimos crear fuertes lazos con cada uno de ellos. Pudimos involucrarnos en la situación que viven y eso lo logramos con un excelente trabajo en grupo, empatía, generosidad, paciencia, perseverancia y mucha alegría.

Al principio no fue fácil, no sabíamos qué expectativas hacernos ya que no sabíamos a qué íbamos, lo único que teníamos claro era que iba a ser un desafío para todas.

Al estar allá recibimos todo el cariño de los auxiliares y de a poco de los ancianos, pudimos sentirnos útiles y de gran ayuda, pero lo que más nos marcó a todas fue el cariño que logramos formar con todos en el hogar. La humildad de cada uno, la sencillez y la alegría con que nos recibían y nos hacían sentirnos esenciales para ellos.

Fue de las mejores experiencias que hemos tenido, no solo por la entrega que realizamos sino que también por el grato tiempo para pensar y reflexionar en una semana donde los problemas y deberes quedan afuera y uno se concentra en el cariño y servicio al otro.”

Testimonio Hogar Nuestra Señora de Guadalupe de Fundación las Rosas

“Fue una experiencia única e irrepetible, la cual volveríamos a realizar sin ningún problema. Al principio todas sentimos nervios y un poco de angustia, ya que nada de lo que nos rodeaba era cercano o conocido por nosotras. Pero esos sentimientos se esfumaron al poco tiempo, ya que nos acogieron con un cariño inexplicable. Todos los que trabajaban estaban dispuestos a ayudarnos, a enseñarnos y hacer que nuestra semana en el hogar fuera inolvidable y un bonito recuerdo.  

Lejos los mejores fueron los residentes; los abuelitos/as del hogar, los cuales nos entretenían con sus historias. Nos dimos cuenta que ellos son nuestros ojos hacia el pasado, son nuestras raíces, son valiosos y que por estas razones y muchas más hay que cuidarlos y mantenerlos dignamente.

Logramos hacer lazos con muchas personas del hogar, con las enfermeras, auxiliares y abuelitos.

Las monjitas fueron muy acogedoras y agradecidas por toda la ayuda que como grupo logramos dar, ya sea en materiales o ayudando en los diferentes quehaceres que nos pedían.

Fue un gusto haber conocido y haber vivido en el Hogar Nuestra Señora de Guadalupe.”

Testimonio Hogar San Vicente

“Nosotras fuimos al Hogar San Vicente en Lo Barnechea. Sabíamos que iba a ser una muy buena experiencia, por eso  no nos hicimos expectativas, solo nos comprometimos a entregar todo lo que teníamos a los niños.

Nos levantábamos todos los días a las 6:30am para desayunar con las tías y despedir a los niños, que se iban al colegio y al jardín. Después ayudábamos con el orden del hogar y específicamente de la sala de estudio. Almorzábamos con las tías y un poco más tarde empezaban a llegar los niños. Como a las 5 pm los niños ya se habían cambiado de ropa y terminado sus tareas y nosotras hacíamos actividades entretenidas con ellos. El martes cocinamos pizza, el miércoles galletas y el jueves cocinamos tortas e hicimos una convivencia de despedida con todos los niños y las tías, con música, bailes mucha comida, etc.

El viernes llegó la despedida, en la tarde tuvimos un taller de arte y luego a las 5 pm nos fuimos. Todos estábamos tristes, porque no nos queríamos ir, pero sabíamos que íbamos a volver a vernos, porque nosotras definitivamente vamos a volver.

Le queremos dar las gracias al Colegio, por darnos esta oportunidad de crecer como personas y conocer también a personas increíbles como las tías y ver que hay niños muy fuertes y alegres , para poder aprender de ellos.”

Testimonio Coaniquem

“Nuestra semana social se realizó en Coaniquem: hospital para niños quemados. Mi grupo fue conformado por Maria Elena Fernández, Josefina Guridi, Victoria Raiman, Carolina Serrer, Catalina Goldsack, Teresita Arcuch y yo Margarita López. Y la madrina del grupo era la Vero Mendez.

Este hospital recibe a niños de todas partes de Chile, los aloja junto a un apoderado y se encargan de que los niños y papás, en el tiempo en que están ahí, reciban todo tipo de tratamiento. Nosotras teníamos que acompañar tanto a los niños, como a los adultos. Además de pintar y ordenar lo que nos pidieron.

Fue una experiencia inolvidable, ya que formé lazos muy fuertes con los niños y las mamás que estaban ahí. Más que ayudar, aprendí.

Finalmente la semana de servicio se transformó en una semana de agradecimiento por todo lo que recibí de las personas que conocí. No me quería ir, conocí nuevos sentimientos. Aprendí que la felicidad verdadera es cuando me salgo de mí, en servicio a otros.

El objetivo que ahora tengo, es no quedarme con el recuerdo de que alguna vez hice esto, si no que sea una prioridad en mi vida y que se vuelva algo cotidiano.

También el ambiente que se formó en mi grupo fue increíble. La confianza y el cariño que nacieron son únicos gracias a la experiencia que compartimos. A todas nos fue increíble.

Quiero agradecerle al Colegio por darnos esta oportunidad. Realmente marcó un antes y un después en mí. Es fundamental que sigan dando posibilidades de conocer lo que realmente es el mundo y lo que es verdaderamente importante.

Vivir al 100% en entrega al otro es ser 100% feliz.”

Margarita López.