
Nuestra exalumna María Isabel Herrera asumió como nueva Coordinadora Nacional de la Unidad de Currículum y Evaluación del Ministerio de Educación, reflejo de una destacada trayectoria profesional marcada por su compromiso y profunda vocación de servicio en el mundo de la educación.
En este camino, Isabel ha participado en la Fundación Astoreca y especialmente en la creación y dirección del Colegio San Juan en Lampa, que atiende niños de sectores vulnerables. Su labor da cuenta de una convicción profunda: que la educación es una herramienta transformadora capaz de cambiar vidas y abrir oportunidades.
-¿Qué recuerdos guardas de tu etapa como alumna?
«Lo primero que me viene a la mente es lo increíble que lo pasé y cómo disfruté cada etapa. Ahí conocí a las amigas que hoy son mis compañeras de vida. Guardo preciosos recuerdos de mis años como atleta, de mi paso por el coro y, sobre todo, de haberme sentido en un lugar muy seguro.Tengo imágenes muy alegres grabadas: el Crecer Cantando, el viaje a Alemania, el festival Gente Original, las misiones, obras de teatro y, obvio, ¡las alianzas!».
-¿Qué valores del colegio han permanecido en su vida?
«Me quedo con la sencillez. Del colegio aprendí que la verdadera satisfacción viene de las cosas bien hechas, de la rigurosidad y la excelencia por convicción propia, no por una retribución externa. Y algo vital: entenderse como parte de algo más grande. Esa enseñanza de vivir en comunidad y de que el servicio y el cariño por los demás son lo que realmente le da sentido a lo que hacemos, son valores que mantengo vivos cada día. También la importancia de ser reflexiva y tener una vida interior profunda y clara. El colegio nos prepara para eso y nos ayuda a cultivar nuestro ser interior y a ser profundas».
-¿Cuándo y por qué le interesó la educación?
«Las misiones del colegio fueron importantes; estaba a cargo del taller de niños y eso me motivaba mucho. Al mismo tiempo, el colegio creaba instancias que daban la oportunidad de acompañar a las más chicas, como monitora de primera comunión, por ejemplo. Pero creo que lo más decidor fue vivir en IV° medio la experiencia de la Semana Social. Recuerdo que cuando nos explicaron en qué consistía, pregunté si estaba considerado que pudiéramos ir a algún hogar con niños con discapacidad; y me dijeron que si yo realmente tenía interés y me conseguía al menos a dos compañeras que quisieran acompañarme, ellos lo gestionarían. Dos amigas se sumaron y vivimos la experiencia de estar en un hogar de Coanil, donde vivían niñas sin hogar y en situación de discapacidad. Esta experiencia fue de las más marcadoras de mis años escolares e influyó enormemente en mi decisión de estudiar pedagogía».
¿De qué manera la formación recibida, te preparó para los desafíos profesionales que has enfrentado?
«Me preparó en muchos sentidos. Desde aprender latín y alemán, hasta haber podido conocer realidades de vida tan diferentes como la Semana Social. En la universidad pude irme a Alemania de intercambio y haber podido estudiar con compañeros de todas partes del mundo y vivir la cultura alemana, es impagable. En cuanto a la formación, aprender a vivir de manera austera te prepara profesionalmente, porque puedes hacer cosas que a otros le pueden resultar más difícil. En la educación, y en sectores de vulnerabilidad, debes usar tu creatividad para aprovechar bien los recursos y pensar muchas veces en que menos es más».
¿Cómo el sello ursulino ha influido en tu forma de entender la educación?
«Hay un sello que me define profundamente: Actuar con Valentía; lo veo totalmente reflejado en mi trayectoria. Entiendo la educación como un terreno donde ser líder exige valentía para enfrentar los cambios con sabiduría, mucha creatividad y, sobre todo, una perseverancia que no se rinde. Trabajar en educación es estar siempre abierta al llamado de Dios y a las nuevas oportunidades que se presentan. Trato de vivir este desafío con libertad y alegría, sabiendo que la valentía no es la ausencia de miedo, sino la decisión de seguir adelante porque hay un propósito mayor detrás».
¿Por qué seguir vinculada a proyectos educativos con impacto social?
«Creo fuertemente que una buena formación cambia vidas, transforma historias, entrega herramientas y la educación es una vía de movilidad social muy potente. Creo que los niños de todas las partes de Chile merecen recibir educación de calidad».
¿Qué significa esta nueva responsabilidad en el Mineduc?
«Es un reto que acepto con mucha humildad y entusiasmo. Si bien mi perfil es distinto al tradicionalmente académico de este cargo, veo en eso una oportunidad única. Mi meta es ser el puente entre la política educativa y la realidad escolar. El currículum nacional es una herramienta de una importancia estratégica gigante, y mi experiencia reciente en los colegios me permitirá buscar un equilibrio vital: que la excelencia académica no sea algo distante, sino algo concreto y aplicable. Queremos un currículum y textos escolares de alto estándar, pero al mismo tiempo aterrizado, diseñado para que los equipos directivos y docentes lo sientan como un apoyo a su labor diaria y no como una carga administrativa».
¿Qué podrás aportar desde tu experiencia y formación a nivel país?
«Creo que lo principal, es que haber estudiado en las Ursulinas, luego haber trabajado en el mismo colegio, posteriormente en una Fundación de excelencia como Astoreca, me ha preparado para que todo lo que pueda hacer o transmitir sea de un alto estándar. Los niños de nuestro país se merecen que les enseñen lo mejor. Las altas expectativas se transmiten y también se demuestra a través de documentos oficiales que llegan a todos los profesores de Chile. Es una responsabilidad y un desafío muy inmenso, pero estoy tomándolo con mucha humildad y motivación a la vez para hacerlo lo mejor posible».
